Fuente: Encuentro Medioambiental Almeriense
RESUMEN
Esta ponencia marco se estructura en torno a cuatro apartados. En el primero se resumen las consecuencias del cambio climático para la región mediterránea, en la que se encuadra la geografía almeriense. En el segundo se analiza la "lógica del carbono", según la cual para no sobrepasar los límites ecológicos que la atmósfera puede soportar sin desencadenar un peligroso cambio climático, hay que limitar la cantidad de combustibles fósiles que se pueden quemar a menos de la cuarta parte de las reservas actuales. En el tercer apartado se examina el caso más llamativo de emisión de gases provocadores del cambio climático en Almería: la central térmica de Carboneras, recientemente ampliada. El último apartado expone algunas propuestas de Greenpeace para un cambio de política energética que nos proteja del cambio climático.
1. EL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA REGIÓN MEDITERRÁNEA
El cambio climático es el mayor problema ambiental al que se enfrenta el planeta. Así lo han confirmado los líderes mundiales en la reciente Cumbre de Kioto.
Las consecuencias e impactos previsibles del cambio climático son suficientemente graves como para no poder permanecer impasibles, máxime cuando las causas que lo provocan son perfectamente conocidas: las emisiones de gases de efecto invernadero como consecuencia de las actividades humanas, muy especialmente el CO2 producido en la quema de combustibles fósiles.
La región mediterránea, y Almería dentro de ella, es una de las más vulnerables del planeta a los peligrosos efectos del cambio climático. La supervivencia misma del medio ambiente almeriense, así como las actividades económicas que se desarrollan en nuestra tierra, están amenazadas por el cambio climático, y es algo que va a condicionar seriamente todos los problemas y soluciones que se tratan en este Encuentro.
Greenpeace ha publicado recientemente un estudio sobre las consecuencias del cambio climático en la región mediterránea, del que a continuación se presentan sintéticamente sus principales conclusiones:
Efectos previstos del cambio climático en el mundo y su implicación para la región Mediterránea y Almería.
A nivel mundial
Desde 1860, la temperatura media mundial ha aumentado entre 0,3ºC y 0,6ºC. Pero desde mediados de los setenta el calentamiento ha sido particularmente rápido y, desde 1983, hemos asistido a los nueve años más cálidos jamás registrados. El máximo valor de temperatura media ha sido el registrado en 1997.
Según el IPCC, si continúan las tendencias actuales en las emisiones de gases invernadero, durante el siglo que viene, esto podría originar una velocidad de calentamiento atmosférico "probablemente mayor que ninguna otra en los últimos 10.000 años". Concretamente, el actual ritmo de emisiones significa que:
Las concentraciones de gases invernadero para el año 2030 equivaldrán al doble de los niveles preindustriales de CO2.
Las temperaturas medias globales para el 2100 se incrementarán entre 1ºC y 3,5ºC, pudiendo llegar incluso a 4,5ºC, siendo el mejor valor estimado 2,5ºC.
El nivel del mar para el 2100 aumentará, como promedio, entre 26 y 86 cm., siendo el mejor valor estimado 55 cm.: un incremento entre 2 y 5 veces mayor que el experimentado en el último siglo.
La Región Mediterránea
El cambio climático tendrá implicaciones profundas y de largo alcance para los 350 millones de personas que viven en la región mediterránea. Las principales consecuencias para la región del cambio climático planetario, de continuar las actuales tendencias de emisión de gases invernadero, se resumen en los puntos siguientes.
La temperatura media de la región aumentará unos 3,5ºC antes de la mitad del siglo XXI, alcanzando entre 1,4ºC y 2,6ºC para la segunda década del próximo siglo.
Las temperaturas a lo largo de la región podrían elevarse entre 0,7ºC y 1,6ºC por cada grado de aumento en la temperatura media global.
Entre el momento actual y el año 2100, las temperaturas podrían haberse elevado hasta 2,5-3ºC en el Mar Mediterráneo, 3,4ºC en las áreas costeras, con aumentos de hasta 5,5ºC sobre Marruecos.
Las precipitaciones podrían reducirse entre un 1,5% y un 7,3%.
Las expectativas son de un aumento de cerca de un 10% de precipitaciones en invierno (aumento de los efectos de los temporales) y una disminución de entre un 5%-15% durante el verano (incremento de sequías) para el 2100.
Para el 2100, las precipitaciones se incrementarían al norte de los 40º-45ºN y se reducirían por debajo de este paralelo. Esto significaría una reducción de entre un 10% y un 40% de precipitaciones en el sudeste de España y gran parte de Africa, y una disminución de un 10% en el centro de España, sur de Francia, Grecia y Oriente Medio.
La humedad del suelo podría disminuir en todo la región mediterránea entre un 15% y un 25%.
La probabilidad de periodos secos en el sur de Europa podría aumentar en un factor entre 2 y 5 si se duplicara la concentración de CO2.
Durante el periodo 1975-1994, la precipitación media fue más de un 17% menor que durante los 20 años previos sobre gran parte del noroeste de Africa, España, Italia y Grecia.
El comienzo de los noventa se caracterizó por una sequía extrema. En 1995 las precipitaciones fueron un 75% menores a la media de 1961-1990 en gran parte del Mediterráneo Occidental, siendo en España de un 50%.
Entre finales de septiembre y principios de noviembre de 1993, las precipitaciones en el sudeste de Francia, oeste de España, centro de Portugal, Córcega y norte de Marruecos fueron entre 2 y 3 veces mayores de lo habitual. En este periodo Madrid presentó las mayores precipitaciones registradas desde 1854, año en que se empezaron las mediciones.
En 1995, llovió en algunas zonas del interior de Egipto por primera vez después de casi medio siglo.
Los costes para combatir la desertificación se estiman en unas 2.500-3.000 pta. por hectárea de secano y unas 112.000 pta. por hectárea de regadío.
2. EL FIN DE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES
PONER LÍMITES AL CAMBIO CLIMÁTICO
Sólo la acción de los gobiernos puede proteger el clima mundial. Sin embargo, ¿qué es lo que se está haciendo? El Convenio Marco sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (el Convenio del Clima) fue aprobado en 1992.
El objetivo del Convenio es: "la estabilización de las concentraciones de gases invernadero en la atmósfera a un nivel que pudiera prevenir interferencias antropogénicas peligrosas con el sistema climático".
Añade que: "Tal nivel debería ser alcanzado en un periodo de tiempo suficiente para permitir a los ecosistemas adaptarse de forma natural al cambio climático, para asegurar que la producción de comida no se ve amenazada y para permitir un desarrollo económico sostenible".
Los científicos del Grupo Asesor sobre Gases Invernadero (AGGG) que trabajan para el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente(PNUMA), han puesto números a estos niveles.
El Grupo del PNUMA determinó que: "Los aumentos de temperatura de más de 1 ºC podrían desencadenar respuestas rápidas, impredecibles y no lineales que seguramente provocarían grandes daños a los ecosistemas". También advertían que la velocidad de aumento no debería sobrepasar los 0,1 ºC por década.
Los daños dependen en parte del alcance del calentamiento y en parte de la velocidad a la que ocurra este cambio. Incluso con recortes estrictos en la contaminación, la velocidad inicial de cambio prevista para las dos próximas décadas es muy elevada.
La respuesta política
Los científicos han calculado, lo mejor que han podido, el nivel de gases invernadero que puede tolerar el clima. Pero aún son muchos los gobiernos que ni tan siquiera han intentado adaptar sus políticas a estos niveles. La UE ha establecido un objetivo de mantener el incremento máximo de temperatura en 2 ºC por encima de los niveles preindustriales. Pero esto es dos veces superior al nivel considerado perjudicial por el Grupo del PNUMA. Según el mismo, 2 ºC son: "Un límite superior a partir del cual se espera un aumento rápido del riesgo de daños graves a los ecosistemas y de respuestas no lineales". El límite de 2 ºC debería considerarse como algo a evitar con margen suficiente.
Greenpeace considera que los niveles de CO2 tienen que ser estabilizados en las concentraciones actuales o por debajo de éstas. Un aumento a largo plazo de la temperatura de 1 ºC por encima de los niveles preindustriales, con una velocidad de cambio de 0,1 ºC por década, es el máximo absoluto que los líderes políticos deberían aceptar.
Y, ¿qué significa esto en términos de contaminación?
Limitar el daño ecológico
Greenpeace considera que las decisiones políticas deberían estar determinadas por los siguientes criterios:
Limitar el objetivo a largo plazo de aumento de la temperatura a menos de 1 ºC por encima de los niveles preindustriales.
Reducir la velocidad de aumento de la temperatura a menos de 0,1 ºC por década tan rápido como sea posible, a lo sumo en las próximas décadas.
Se prevé que en las próximas décadas la velocidad de calentamiento sea de 0,2-0,3 ºC por década.
Limitar el aumento global del nivel del mar a largo plazo a menos de 20 cm.
Un aumento del nivel del mar de este alcance todavía produciría algunos daños, pero niveles más elevados llevarían a un rápido aumento en los riesgos. El grupo del PNUMA estimó que limitar el aumento del nivel del mar a 50 cm podría "prevenir la destrucción completa de las naciones isleñas pero aun conllevaría un gran aumento en los daños económicos y sociales causados por las tormentas".
Limitar la velocidad de aumento del nivel del mar a un máximo de 20 mm por década.
Según el grupo del PNUMA, esto "permitiría que la mayoría de los ecosistemas vulnerables tales como humedales y arrecifes de coral se adaptaran", sin embargo velocidades por encima de este límite conducirían a "un rápido aumento en el daño a los ecosistemas".
LA SEGURIDAD CLIMÁTICA Y LA LÓGICA DEL CARBONO
Un "presupuesto" para el carbono
Prediciendo la cantidad de gases invernadero que entrarán en la atmósfera es posible estimar el cambio de temperatura que se producirá. El gas invernadero más importante es el dióxido de carbono, procedente de la quema de combustibles fósiles. Así, yendo hacia atrás, es posible estimar qué cantidad de combustibles fósiles puede utilizar el mundo antes de superar los límites ecológicos determinados por el grupo del PNUMA. En otras palabras, podemos estimar un "presupuesto" de combustibles fósiles. Así podríamos distribuir de forma adecuada la pequeña cantidad de petróleo, gas y carbón que aún podemos permitirnos quemar.
La "cumbre" del Convenio del Clima (Kioto, Diciembre de 1997) aprobó un Protocolo que obliga a los países desarrollados a reducir sus emisiones de gases invernadero en un promedio del 5,2% para los años 2008-2012 respecto a 1990. Sin embargo, sigue pendiente la cuestión de este "presupuesto" de combustibles fósiles y su reparto.
Con cálculos relativamente simples se puede demostrar que la atmósfera mundial no puede sostener el uso de más que un pequeño porcentaje de los combustibles fósiles ya conocidos.
¿Cuánto carbono queda?
Si se quiere evitar un daño climático importante, solamente podrá quemarse una pequeña fracción de la cantidad total de carbono que hay en las reservas y recursos mundiales de petróleo, carbón y gas.
Sin embargo, la industria de los combustibles fósiles y los gobiernos todavía planean utilizar las llamadas reservas económicamente recuperables. Estas contienen 1.055 GtC distribuidas aproximadamente de la siguiente forma:
petróleo 110 GtC
gas 75 GtC
carbón 640 GtC
Las formas no convencionales de petróleo y gas (pizarras e hidratos) representan el resto de las reservas económicas totales.
El IPCC estima que el "recurso base potencial máximo" para el petróleo (tanto convencional como no convencional) es 452 GtC. Esto por sí mismo es suficiente para empujar al mundo más allá del umbral de un cambio climático peligroso para los ecosistemas. Añadiendo el carbón y el gas el problema es todavía peor.
¿Cuánto CO2 se puede emitir?
En qué medida deben limitarse los combustibles fósiles y reducirse las emisiones depende en parte de la "sensibilidad" de la tierra al aumento de gases invernadero. En otras palabras, a la facilidad del dióxido de carbono de la atmósfera para cambiar el clima.
Podemos hacer algunas estimaciones de cuánto carbono podría quemarse en el mundo sin salirse de ciertos límites de temperatura. Estas estimaciones no implican que la naturaleza estará protegida si nos ceñimos a estos límites, pues aún así podrían suceder cambios peligrosos y sorpresas. Sin embargo, proporcionan una orientación.
Según el IPCC, son probables aumentos de temperatura entre 1,5 y 4,5 ºC si se dobla la cantidad de CO2 (o gases equivalentes) en la atmósfera. Si el sistema climático de la tierra es poco sensible estaremos en el rango inferior (1,5 ºC) y si es muy sensible en el rango superior (4,5 ºC).
La "mejor estimación" utilizada actualmente por los gobiernos es de 2,5 ºC. Se cree que este valor es suficiente para causar daños graves a los ecosistemas. Pero como ha resaltado el IPCC, el patrón actual de cambio de temperatura se adecua mejor a una estimación de 3,5 ºC.
Por tanto, es prudente asumir que el nivel sensible es de 3,5 ºC. El análisis de los modelos del ciclo del carbono sugiere que para evitar cambios peligrosos en el clima durante los próximos cien años, la cantidad total de carbono que puede ser emitida, como CO2 , es de 225 GtC.
Si asumimos, con cierto optimismo, que no hay contribución neta a las concentraciones de dióxido de carbono atmosférico procedente de los incendios forestales, entonces el "presupuesto" de combustibles fósiles para el mundo es efectivamente de 225 GtC.
Eliminar los combustibles fósiles
Con un límite máximo de 225 GtC, a la velocidad actual de uso de combustibles fósiles, el "presupuesto del carbono" se habrá agotado en menos de 40 años.
Sin embargo, la demanda primaria de energía está aumentando mundialmente a más de un 2% anual. A tal velocidad, el "presupuesto" del carbono fósil se habrá agotado en menos de 30 años.
Dentro de la eliminación de los combustibles fósiles, éstos deben ser ajustados según sus contenidos de carbono. De este modo, mientras disminuimos nuestra dependencia total de los combustibles fósiles, durante un periodo, los países podrían cambiar a combustibles fósiles con menor contenido en carbono.
Un paso esencial para la eliminación sería el detener la exploración de nuevas áreas para el petróleo.
El presupuesto de 225 GtC es una fracción de la cantidad que será emitida, según asumen generalmente los economistas en sus previsiones de consumo futuro de energía, y equivale aproximadamente a la mitad de todos los tipos conocidos de petróleo identificados en las reservas: 452 GtC.
La lógica de esto es que el 75% de las reservas conocidas de combustibles fósiles (medidas en carbono) recuperables económicamente nunca podrán ser utilizadas como combustible. En otras palabras, deben permanecer en el subsuelo.
Si esto se considera en términos de los recursos reales de carbón, petróleo, gas y otros combustibles fósiles (tales como pizarras o hidratos de metano), el 95% debe permanecer en el subsuelo.
Así, la lógica dicta el fin de los combustibles fósiles. No "se acabarán", habrá que dejarlos donde están. Dado el tamaño de la industria del petróleo, del carbón y del gas, está claro que los gobiernos nunca han tenido que afrontar antes semejante tarea y que no le están dando la consideración que merece.
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